El cuerpo “recuerda” la obesidad: estudio revela por qué es tan difícil mantener el peso perdido

Bajar de peso suele considerarse el mayor desafío en el tratamiento de la obesidad. Sin embargo, para millones de personas, la parte más complicada comienza después: evitar que el cuerpo recupere lentamente los kilos perdidos.

Un nuevo estudio realizado por científicos del UT Southwestern Medical Center encontró evidencia de que el organismo conserva una especie de “memoria biológica” del peso previo, lo que impulsa mecanismos persistentes destinados a recuperar la grasa perdida incluso después de un adelgazamiento exitoso.

La investigación, publicada en la revista científica iScience, aporta nuevas pistas sobre el llamado “efecto rebote”, uno de los fenómenos más frecuentes y frustrantes tanto para pacientes como para especialistas en obesidad.

Según los resultados, el cuerpo continúa comportándose como si necesitara regresar a su estado anterior, activando principalmente un aumento constante del hambre. Los investigadores observaron que, tras bajar de peso, los animales desarrollaban una necesidad intensa y sostenida de comer, fenómeno conocido médicamente como hiperfagia.

En términos prácticos, esto significa que el organismo comienza a enviar señales permanentes para consumir más alimentos, incluso cuando ya se alcanzó un peso saludable. Los autores del estudio consideran que esta respuesta no es simplemente psicológica ni depende únicamente de la voluntad, sino que se trata de un mecanismo biológico profundo relacionado con sistemas cerebrales, hormonales y metabólicos.

Para realizar el experimento, los científicos trabajaron con ratones machos alimentados durante 20 semanas con una dieta rica en grasas para inducir obesidad. Posteriormente, aplicaron una restricción calórica hasta que los animales alcanzaran un peso similar al de ratones sanos que nunca habían desarrollado obesidad.

Aunque externamente ambos grupos terminaban con un peso parecido, el funcionamiento interno del organismo seguía siendo diferente. Los animales previamente obesos mantenían un apetito mucho más elevado y, cuando podían volver a comer libremente, recuperaban peso rápidamente. En cambio, aquellos que continuaron bajo restricción alimentaria lograron mantener el descenso obtenido.

El estudio refuerza además una teoría ampliamente discutida en medicina: el llamado “punto de ajuste” del peso corporal. Esta hipótesis sostiene que el organismo funciona como si tuviera un rango de peso programado y, cuando una persona adelgaza de forma importante, interpreta esa pérdida como una amenaza para la supervivencia.

De manera similar a un termostato que intenta recuperar la temperatura original, el cuerpo activaría mecanismos automáticos para regresar al peso previo. Según explicó el equipo liderado por el investigador Frankie D. Heyward, el organismo parece “memorizar” el estado de obesidad y seguir defendiéndolo incluso después de adelgazar.

Esa respuesta involucra hormonas y circuitos neuronales encargados de regular el hambre y la saciedad. Entre las sustancias más importantes se encuentran la leptina, relacionada con las reservas de grasa corporal, y el GLP-1, molécula utilizada actualmente en medicamentos modernos para bajar de peso.

Los investigadores señalan que, cuando una persona pierde peso, el cerebro puede reaccionar aumentando la sensación de hambre y reduciendo la saciedad, lo que genera una presión biológica constante para volver a comer más.

El estudio también encontró que los animales que originalmente habían ganado más peso eran los más propensos a recuperarlo después del adelgazamiento. Esto sugiere que algunas personas podrían tener una susceptibilidad biológica mayor al efecto rebote, lo que en el futuro podría ayudar a desarrollar tratamientos más personalizados.

Actualmente, la obesidad representa uno de los principales problemas de salud pública en el mundo. Según cifras citadas en la investigación, más del 40% de la población adulta en Estados Unidos vive con obesidad, mientras que la Organización Mundial de la Salud estima que más de mil millones de personas la padecen a nivel global.

Los especialistas destacan que incluso tratamientos eficaces como la cirugía bariátrica o los medicamentos agonistas del receptor GLP-1 no eliminan completamente el riesgo de recuperar peso con el tiempo.

Para los autores, esto demuestra que el organismo no permanece pasivo frente al adelgazamiento. Por el contrario, activa respuestas biológicas destinadas a restaurar las reservas energéticas perdidas, un mecanismo que históricamente ayudó a la supervivencia humana en épocas de escasez de alimentos.

Aunque los científicos aclaran que el estudio se realizó únicamente en ratones y todavía no puede extrapolarse directamente a humanos, consideran que los hallazgos podrían cambiar la manera en que se entiende y trata la obesidad.

Más allá de enfocarse solo en perder peso, los investigadores plantean que el gran reto médico será desarrollar estrategias capaces de ayudar al organismo a mantener ese nuevo equilibrio a largo plazo.

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